Bleu

A 115 km de Tánger, escondido en las montañas del Rif, hay un pueblo donde se camina sobre color azul. Al principio uno no lo cree, aunque pronto se da cuenta de que el azul no sólo está en el suelo, sino que trepa por escaleras y muros e invade callejones. Así es Chefchaouen, Xaouen o Chaouen: un pueblo marroquí completamente azul.

¿Cómo es que existe un pueblo azul? En 1494 Chaouen creció gracias al asentamiento de exiliados judíos y musulmanes llegados del reino de Granada. Junto a la tristeza del destierro traían tradiciones y costumbres. Por eso Chaouen creció muy parecido a un pueblo andaluz: casas con muros gruesos, pequeños balcones de forja, patios con limoneros. Escondido en el fragante Rif, cuyas laderas y valles están tapizados de plantaciones de kif (marihuana), Chaouen permaneció aislado durante siglos. En 1920 fue ocupado por los españoles, quienes, sorprendidos, se encontraron con un pueblo donde los judíos todavía hablaban una variante del castellano medieval. En 1930 llegaron a Chaouen más refugiados judíos. Con ellos se renovaron costumbres, entre ellas la de pintar sus casas de azul, color simbólico judío. Con el correr del tiempo el azul se convirtió en el emblema de Chefchaouen, y aunque hoy ya no quedan judíos, sólo musulmanes, la costumbre persiste.
Chaouen es azul, toda azul, azul. Es irreal, onírica, como si en vez de caminar por un pueblo, uno anduviera despierto o soñando -qué más da- por el fondo del mar.


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