Kiran, mi sherpa

Mi guía durante el primer trek que hice por la cordillera de Annapurna se llamaba Kiran. Como casi todos los nepalíes era bajito y de contextura pequeña, aunque trepaba y saltaba como una cabra y no se cansaba nunca. Kiran tenía los ojos achinados, era muy dulce y siempre tenía una sonrisa pintada en su cara, redonda como una luna. Hablaba sólo un poco de inglés y solía cantar mientras caminaba. Su canción favorita era Resham Firiri, una preciosa canción muy popular que habla, entre otras cosas, de amor, de animales y del viento arremolinado que sopla en los Himalayas. Kiran estaba siempre atento a mis pasos y yo sentía que me cuidaba. Caminaba unos metros adelante mío, aunque a veces, cuando la senda se ensanchaba, iba a mi lado. Kiran me enseñó muchas cosas. Mientras tomábamos chai en alguna tea house o descansábamos en los bancos de piedra emplazados en las entradas de las aldeas, aprendí sobre las costumbres de la gente que vive en los Himalayas, aprendí nombres de árboles y algunas palabras en nepalí. Rambru significa espectacular, Chitu-chito significa muy rápido, Jam-jam, significa let’s go, Derrei rambru significa “super espectacular.” A medida que pasaban los días y la intimidad y el cariño crecían, quise saber sobre su vida, así que le pregunté sobre su niñez, sobre la remota aldea budista donde había nacido, sobre su familia, sobre cómo era haber nacido sherpa. Una tarde le pregunté si tenía novia. Sonrió con su hermosa cara de luna y contestó: Ouh no… No money, no honey…

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