Cosas mágicas

Hay dos personas en esta Tierra a las que quiero más que a mí misma. Una es un varón a quien yo llamo mi sun en vez de son porque como sea y desde donde sea me ilumina. La otra es una luna perlada en el cielo oscuro. La luna ha viajado conmigo incontables veces, nos hemos reído mucho y nos hemos, también, claro, padecido. Mi primer viaje a India lo hice con ella-la luna, y ahora que estoy nuevamente aquí la recuerdo más que nunca. Es como si ese viaje hubiera sido hace una eternidad y hace muy poco tiempo. Las dos hemos cambiado, yo soy una mujer-madre que se encamina hacia la tercera etapa de la vida y ella es una mujer-hija que sólo de vez en cuándo se permite, conmigo y a solas, ser por un rato una niña.

Hace tres días recibí un mensaje suyo. En él me decía que no me olvidara de llevarle esas cosas que tanto le gustan a la luna. Piedras extrañas, maderas lavadas por los ríos, trocitos de corteza de árboles, musgos secos, hojitas de plantas exóticas, agua del sagrado Ganges, fósiles si hubiera. En fin, terminaba el mensaje cortito y conciso, vos sabés, cosas mágicas

Cosas mágicas, hubiera sido más fácil que me pidiera una pashmina. Pero yo doy la vida por mi sol y mi luna, así que desde hace tres días sólo pienso en hallar maravillas de ésas que tanto ansía la luna. Y lo que ha sucedido es notable. Buscando eso que la sorprenda y la haga feliz encuentro cosas mágicas en todas partes. No sólo lo que he hallado en los bazares y a orillas del Yamuna o el Ganges. Me refiero al aire, a los olores, al viento, a los sonidos, a las campanas de los templos, al graznido de los cuervos, al sol reverberando sobre los palacios carcomidos de Benares, a las pujas encendidas navegando a la deriva por el río, al traqueteo del tren que me adormece, al sabor de la comida, al silencio al que me entrego durante horas, al viajar sin tiempo.

Cosas mágicas, todo es magia. Estoy a orillas del Ganges, a pocos kilómetros de su nacimiento. En mi primer viaje estuve aquí con la luna. No sé si fue el recuerdo, tal vez sólo la magia, pero esta mañana cuando atravesé el puente sobre el río los ojos se me empaparon de tanta emoción. El Ganges corría rápido, limpio y transparente, el viento agitaba las campanas de los templos y los árboles en las montañas relucían un verde nuevo.

Cosas mágicas ma, vos sabés.

El sol y la luna me dicen ma.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Eugenio Reynal dice:

    Que lindo mensaje de amor a sus hijos

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