Mi niña

Estabas vestida de hada y me peinabas. Hablabas sola, desenredabas la madeja de mi melena y me hacías peinados. Yo leía Crimen y Castigo, lo sé porque jamás olvidaré mi tamborilear sobre las tapas de ese libro. Crimen y Castigo sonaba como ningún otro libro y olía a chocolate. Una cuchara de madera como varita…