Treinta años

Estabas vestida de hada y me peinabas. Hablabas sola, me deshacías la madeja de mi melena, me hacías peinados imposibles. Yo leía Crimen y Castigo, lo sé porque jamás olvidaré mi tamborilear sobre las tapas de ese libro. Crimen y Castigo sonaba como ningún otro libro y olía a chocolate. Una cuchara de madera como…