La gente sola

Cielo azul, sol amarillo, aire seco, los parques con los árboles desnudos. Y la ciudad marrón, monocroma, como vacía, congelada. 

Cuatro grados bajo cero a las dos de la tarde en New York. El sol invernal queda atrapado por instantes en los vidrios de los taxis y reverbera tímido en los cristales de los edificios altos, pero en seguida se hunde en las sombras de la 13, la 12, la 11, la 10. Camino Washington Square hacia el sur y recuerdo qué fue lo que durante tantos años me hizo volver una y otra vez a esta ciudad. Como necesitada, así fue que siempre volví. Buscaba soledades. Buscaba mirar historias.

New York fue siempre para mí una ciudad de gente sola. Como yo, como todos los seres humanos. Pero acá mucho más desnudos, sin vergüenza, sin disimulo: solos. La solitud puede ser terrorífica y alienante para la gente que necesita de la tribu, pero también hermosa para la que por algún motivo -doloroso o no- se ha excluido. Crea seres que destilan una intimidad conmovedora, seres únicos, irrepetibles. Gente que no se siente observada, gente que no sabe de la mirada del otro. Por lo tanto, aunque vivan es mucho más un individuo. No importa que por ese motivo también pueda parecer medio trastornada. La gente sola a veces habla sola. O se ríe o canta o llora en un banco de una plaza. O mientras camina. O mientras anda en bicicleta.

New York no es la misma ciudad que conocí y recorrí hasta el cansancio hace tantos años. Vine por primera vez en 1987, cuando faltaban varios años para que llegara Giugliani y expulsara a no se sabe dónde a los homeless que acampaban en medio de las calles, cuando del HIV, aunque mataba, no se hablaba y se sabía bien poco. Había zonas que ahora deslumbran por donde era peligroso caminar después de cierta hora. Sin embargo, la espléndida ciudad que seduce a todos alberga a la misma gente de siempre. La que está sola, la que sin ser más feliz o infeliz o mejor o peor que otras personas, a mí me gusta tanto observar. A la que me gusta seguir mientras intento adivinarle su historia. Habitada por soledades, New York me conecta con la mía. Y vuelvo a darme cuenta de que no le tengo miedo, al contrario, me atrapa. Es que sé que en lo más hondo de mi soledad, habito yo.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. María Eugenia Ruiz dice:

    Yo iré por primera vez sola a recorrer Europa y estoy asombrada de mi misma .Creo valdrá la pena ,iré donde se me ocurra y seré valiente para enfrentar cada desafío que se me ponga por delante .Deseenme suerte ,amo tener la maravillosa aventura de viajar y soy muy buena hablando con los demás ,aunque no menejo algunos idiomas .@kenurryinstagram

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    1. serviajera dice:

      Mucha suerte en tu aventura Maria Eugenia!!

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