El gran Libro

En India, cada pueblo, cada aldea es un mundo aparte. A veces, en 20 ó 30 kilómetros cambia el sabor del agua, el lenguaje, las costumbres y la vestimenta. Las mujeres indias -mucho más que los hombres- son las que mantienen la vestimenta tradicional. Y sus ropajes cuentan historias, hablan de dónde migraron sus ancestros, de climas, costumbres y geografías. Caminando por Jaisalmer, cerca del límite con Pakistan, me crucé con mujeres del desierto de Thar. Sus vestidos y babuchas eran tan extraños que pensé que me había ido atrás en el tiempo y que estaba viendo estampas de antiguas mujeres afganas. Até cabos: desde allí llegaron los musulmanes a India hace más de mil años. El mundo es un gran telar, donde finos hilos de oro se entrelazan. Uno puede leer la fantástica historia del ser humano en él, no en vano las palabras telar, tejer y texto tienen la misma raíz. Y lo que se lee -o yo leo- es que el hombre ha sido nómade siempre. Por necesidad o curiosidad, ha estado en movimiento, ha viajado. Cuanto uno más viaja más conexiones hace. Relaciona cosas que ha visto, oído, saboreado en culturas muy distantes entre sí. Y el mapa del mundo se convierte en caminos que el hombre ha trazado a través de desiertos, mares, cadenas montañosas y llanuras en búsqueda de alimento, de aventuras, o de conocimiento. Viajar es leer el Gran Libro que contiene ese fascinante mapa, aprehender, expandir la mirada, llenarse de conocimiento.

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