Amita Kaur

Hoy caía el sol en mi terraza y revoloteaban las golondrinas (de tanto mirarlas descubrí que son las últimas en refugiarse en sus nidos, incluso más tarde que la comunidad de cotorras que vive en la copa de la gran palmera) y tuve hambre. Hambre voraz, de pasta con mucho ajo, tomate fresco, alcaparras, aceite del bueno, pimienta y peperoncino molido. Más allá de que sólo había comido una ensalada de frutas en todo el día, esta irrefrenable necesidad de contundencia y placer me invade cuando me ha sucedido, quizá sin que yo lo tenga registrado, algo extraordinario.

Amanecí a las siete y media, hice gimnasia, saqué yuyos de las macetas, preparé plantines con los brotes de las suculentas, regué y baldeé la terraza, pinté de turquesa una silla, ordené la casa, revisé mis cuentas, corté ciruelas, frutillas, bananas, agregué arándanos y un puñado de almendras y me comí la ensalada de frutas. Después me enfrasqué en un libro fantástico con historias sobre la Gran Partición India que sólo puedo leer de a ratos porque me hace llorar y, porque me vencieron el calor y el silencio de las tres de la tarde, me entregué e hice nada, descalza y todavía con ropa sudada de gimnasia, ojos cerrados en el sofá. Me dormí. Raro, porque jamás duermo la siesta. Y fue cuando me desperté que me acordé del papel que ayer me entregó la lectora de mis registros akashicos. 

Es extraño leer algo escrito a mano en estos tiempos en que todo nos llega desde la computadora o el celular. Aunque el papel era para mí y hablaba de mí, mi primera reacción fue de pudor: la caligrafía en birome azul emanaba una pasmosa intimidad. No era que el dibujo de las letras o el hilado de las palabras fuera especial, más bien era una escritura común. Lo que lo hacía tremendamente íntimo es que estaba escrito a mano. Sencillamente eso. Con la calidez de una mano, con las imperfecciones propias de alguien que escribe rápido, con tachaduras y algunas líneas un poco torcidas. Entonces de pronto entendí. Había recibido una carta, cuando todas las cartas desde hace muchos años no son cartas sino mails o mensajes de texto. 

Pensé en las postales que desde lugares lejanos enviaban mis tíos italianos a mi familia para Navidad y Año Nuevo cuando yo era chica, pensé en que increíblemente recordaba lo que decían, el color de la tinta, la letra apretada en el espacio diminuto que dejaban las estampillas. Pensé en mis 17 años y en las cartas de amor que intercambiábamos con quien fue mi marido. Pensé en que, extrañamente, también las recordaba. Dije, este papel escrito a mano es de ayer pero viene del pasado. Ahora, claro, lo encuentro lógico, casi una obviedad. Mis registros akashicos son mi memoria. Todas las vidas que lleva vividas mi alma.

Ayer fue la primera vez que abrí -abrieron- mis registros akashicos y pregunté sobre algunas cosas que me tienen confundida e intrigada. En el papel la lectora fue escribiendo las respuestas. No voy a contar cómo fue la sesión, tampoco nada privado, sólo que entre mis innumerables vidas hubo una, no muy lejana, en que nací en India. Fui mujer, de una casta alta, y mi matrimonio fue convenido aunque amé mucho a mi marido. Lo más notable, lo más llamativo, es que mi marido permitió que yo tuviera sus mismos derechos, cosa excepcional en India. Enseñé algo que pueden haber sido muchas cosas, pero ese algo me apasionaba, de ahí que fuera respetada por lo que hacía y tuviera una vida plena. 

Mi nombre en esa vida que una y otra vez me hace necesitar volver a India aparece escrito en el papel que ahora tengo al lado de la computadora. 

Me llamaba Amita Kaur.

Kaur, sí. Kaur. Aquellos que saben lo que esta palabra o “apellido” femenino significa en India y especialmente para los Sikhs, entenderán mi fascinación ante la rotunda coherencia del relato de esa vida que una vez fue mía.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    hola Amita !!
    Kaur en sanscrito significa belleza y como bien sabes es apellido de muchas mujeres siks, tu escrito en Algo de Mi es maravilloso, pasaron 15 años pero tiene total vigencia hoy, es muy lindo como lo describis y ayuda mucho a entender muchas cosas, fu facilidad de escritura, claridad de expresion , vivencias y narracion son oro en polvo para un proyecto mayor.. te felicito me fue un placer leerte

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