Chamanas

Conozco a Aisha desde hace varios años, quizá desde antes que se casara. Su hijita se llama Fatima Sarah. Aisha vive en una aldea a orillas del río que nace en el mítico monte M’Goun, el tercero más alto de la cordillera del Alto Atlas. Esto es lejos de todos lados, muchos kilómetros desde Marrakech, más de 100 desde Ouarzazate y muchos también hasta el desierto y la frontera con Argelia. El mundo de Aisha es su familia, la huerta, los animales, la cocina. No puedo conversar con ella porque habla sólo bereber, y yo de bereber sé sólo algunas frases. Venimos de mundos diferentes. Las dos lo sabemos. Yo viajo y escribo, hablo algunos idiomas, soy sola, no profeso ninguna religión ni tengo fronteras. Ella se levanta al alba, pasa horas en la huerta, cuida de Fatima Sarah, limpia su casa, cocina, tiene religión y estrechas fronteras. Pero más allá de todo eso somos mujeres.

Chamanas. Nos entendemos con la mirada.

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