Humo blanco

Hay una palabra en inglés perfecta para describir ciertos momentos que no tiene exacta traducción. Bliss. Cómo explicarla? No es felicidad, tampoco epifanía, ni dicha, es bliss. Tal vez un momento de tan alta sensibilidad y conexión con tu alma y el universo que te sentís serena y a la vez desbordada por tanta belleza cósmica que te rodea. El bliss dura un instante, cuando me sucede me estremezco entera y me sé, extrañamente, y tal vez más que nunca, completamente anclada en el presente. Pero mi presente está hecho de vidas pasadas, del ayer de esta vida que llevo vivida y, quién sabe, también de todas esas vidas que viviré más adelante. O sea que el bliss dura segundos, tal vez minutos, pero durante ese tiempo una es omnipresente.

Recién levanté la vista de donde escribo y vi el otoño y el cielo. Y supe que me estaba sucediendo, bliss. Si fuera Proust y no existiera el apuro describiría el juego del sol y la sombra en cada hoja de cada árbol, el color naranja del ciprés calvo enmarcado por las enormes Grevilleas, el vaivén cadencioso de la gran palmera y el roble que allá lejos comenzó a ponerse rojizo. También el humo blanco que de una chimenea trepa lento y antes de evanecerse se demora en mi terraza. Es del departamento de planta baja, donde vive una señora muy mayor con un nombre extranjero. No la veo casi nunca, me la cruzo de tanto en tanto y sólo nos saludamos. Pero yo la adoro porque vive sola y cuando llega el frío prende la chimenea. Ella y el fuego. Debe ser una persona bella.

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