Aisha, Fátima y yo

A la aldea no se podía subir en auto, así que trepé a pie. Me crucé con una mujer mayor con la cara tatuada que acarreaba ramas sobre su espalda. Vejer, le dije, Labess, le dije, saludando en bereber. Ella respondió algo incompresible y me hizo un gesto para que la siguiera. Fui tras ella…