Quince mil kilómetros no es nada

Miro a través de la ventana antigua y grande al fondo del pasillo y lo que veo es Bombay. Me paro ahí al atardecer, cuando la luz sobre Buenos Aires es medio gris azulada y en el cielo, allá arriba, inclinándome, sigue siendo dorada. Yo miro. Y escucho. Los zorzales y las palomas, a ésos…