Varanasi, mi amigo Dhawal y una terraza mirando al río

No recuerdo cómo llegué a Benares aquella primera vez. Pero sé que llegué a media mañana, cuando ya las calles eran un hervidero y el calor húmedo que emana el Ganges había saturado el aire. El conductor del tuc-tuc que me traía frenó en una esquina y me dijo que mi hotel estaba en el…