Tikal, la belleza de la espera

Escuchaba los pesados goterones que caían de los árboles pero no llovía. La senda estaba resbaladiza de barro blando, hojarasca y musgo, y una espesa niebla blanca velaba la tierra y el cielo. Sólo al aproximarme mucho distinguía las ceibas gigantescas, los helechales mojados, las palmeras apretadas, las enredaderas florecidas, los líquenes que desde lo…