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Después de quince años, la escritora y viajera María Varela regresa a Ladakh, una remota región en los Himalayas, en el extremo norte de India. Lo hace siguiendo una voz invisible, un llamado, buscando poner la mayor distancia de un hecho traumático que le ha roto el corazón. A partir de ahí, dos diarios de viaje se entrecruzan, el que escribe siendo una mujer madura, teniendo en su haber más de veinticinco viajes a India, y el que escribió en 2009, cuando junto a su hija —en un viaje épico— se aventuran a través de India por primera vez.
La niña que María fue y que aún lleva adentro cuenta su primer viaje, que va desde su llegada al mundo hasta su adolescencia. Viaje no geográfico pero sí fantástico, la Niña sin ojos narra su historia y describe el universo que la rodea con fascinación, completamente ajena a cómo ven la realidad los adultos.
Novela autorreferencial, la historia de la Niña sin ojos es también la del esfuerzo para adaptarse a lo que supuestamente es lo normal y correcto, la de la propia identidad que a pesar de imposiciones pugna constantemente por manifestarse, y la de un inmenso amor: el que la Niña siente por su singular y bella madre.
En Cusco narra las vivencias del primer viaje en solitario de María, un viaje que como un bautismo devela en ella la fascinación por lo desconocido y su necesidad de contar lo que ve, lo que escucha, lo que siente. En el texto ya despunta su personal narrativa: la solitud como medio para conectar con las emociones más profundas, el entorno que despierta reflexiones y conexiones, la mención de libros leídos, como si la literatura la acompañara constantemente, y los encuentros mágicos con personas aparentemente comunes. En Cusco es la puntada inicial para que María se lance al mundo, el inicio de su vida itinerante trabajando como cronista de viajes, el comienzo de Serviajera.